ADIÓS EN EL PUERTO

La enredadera de grises pañuelos
se agita en la costa,
la banda del pueblo prepara la marcha
de «Adiós en el puerto».
Los niños se acercan al muelle y agitan
los pies en el agua.
Adiós en el puerto, un barco se aleja;
sólo las aguas regresan al muelle.

Una silueta navega en la línea
de sombra del día,
un hombre en su casa
pregunta por su soledad silenciosa.
De pronto se encuentran dos barcos,
se van deslizando muy juntos.
Adiós en el puerto, un barco se aleja;
sólo las aguas regresan al muelle.

Muy a lo lejos, dos barcos se tocan,
se pierden y se confunden;
por un instante parecen ser uno,
van solos en la distancia.
Suaves y mansas, las olas bailan,
los barcos siguen su rumbo.
Adiós en el puerto, un barco se aleja;
sólo las aguas regresan al muelle.

En la soledad de su viaje, el hombre
en el barco comprende
que el único puerto es la muerte,
por eso no teme a la calma.
Las altas mareas nunca lo inquietan,
navega sin horizonte.
Silencio en el puerto, un barco se aleja;
sólo las aguas regresan al muelle.

La enredadera de grises pañuelos
se agita en la costa.

Micrós, D.F., 12 de agosto de 1988
[24 años] © Cosme Álvarez

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