HOMBRE DEL TAMBORÍN
Hombre
del tamborín, toca para mí,
no
he dormido y no tengo sitio adonde ir.
Hombre
del tamborín, toca para mí,
en
el día tintineante yo te habré de seguir.
El
imperio de la tarde a la arena regresó,
de
mi mano se esfumó, ciego y quieto me dejó
pero
aún sigo con sueño;
mi
cansancio me sorprende más,
tengo
heridas en los pies, sin amigos ni interés,
y
la calle en su aridez mata los sueños.
Llévame
en tu embarcación de mágico vaivén,
mis
sentidos no están bien, ya mis manos son de quién,
y
mis pies sin un sostén
sólo
creen en mis talones para deambular.
Estoy
listo para irme ya, listo para no volver,
en
mi alarde quiero ver tu conjuro danzador,
prometo
someterme a él.
Hombre
del tamborín, toca para mí,
no
he dormido y no tengo sitio adonde ir.
Hombre
del tamborín, toca para mí,
en
el día tintineante yo te habré de seguir.
Aunque
escuches una risa ir discutiendo bajo el sol,
contra
nadie hay intención, es solamente una evasión,
y
salvo el cielo
no
hay barrera haciendo frente.
Y
si escuchas vagas huellas de algún torno saltarín
al
compás del tamborín, sólo se trata de un bufón,
no
le daría mi atención,
lo
que ves es una sombra que él persigue.
Hazme
luego desaparecer a través de mi invención,
bajo
el tiempo en destrucción,
lejos
del ramaje gris de arboledas sin raíz,
de
la playa de aire cruel,
que
no llegue este cincel de pena insana.
Bajo
el cielo diamantino ir bailando sin parar,
enmarcado
por el mar, una mano en libertad,
con
los recuerdos y el azar en profunda oscuridad
quiero
olvidar el día de hoy hasta mañana.
Hombre
del tamborín, toca para mí,
no
he dormido y no tengo sitio adonde ir.
Hombre
del tamborín, toca para mí,
en
el día tintineante yo te habré de seguir.
Micrós,
9 de febrero de 2003
[38
años] © Bob
Dylan, Traducción © Cosme Álvarez
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