AQUELLA CANCIÓN SIN TÍTULO


Qué fue de la muchacha que me amó hace 30 años,
para qué mirar los daños que dejó esa buena racha.
Desde entonces camino sin saber si ya he llegado
a ese raro legado que llamaban mi destino.
Así vuelvo de un lugar que ya no existe,
caminando con la sombra que persiste.
En medio de un crepúsculo sin nombre
ya no hay noche ni mañana que me asombre.

Recuerdo que a esta hora, cuando el sol aún no arde,
bebíamos la tarde en las copas de la aurora.
Sus manos en mi cara y la llama en el abrazo;
los besos, ese lazo no se rompe, se separa.

La noche nace en las entrañas de la tarde,
el día crece desde un cántaro que arde,
sobre la lumbre de fogatas invisibles
se desbordan sonidos inaudibles.
Estoy hablando de unos días en que todo fue distinto,
el amor era el instinto, el calor en el que ardía,
una vida donde el hombre y la mujer vivían solos.
Qué fue de la muchacha que me amó hace 30 años.

Recuerdo que a esta hora, cuando el sol aún no arde,
bebíamos la tarde en las copas de la aurora.
Sus manos en mi cara y la llama en el abrazo;
los besos, ese lazo no se rompe, se separa.

La noche satisfecha de sí misma
me vence con un sueño que me abisma,
me toma de la mano si estoy triste,
me lleva hacia un lugar que ya no existe.

Alvarado, 5 de febrero de 2011
(46 años) © Cosme Álvarez

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