SEÑOR DEL HORROR


Ey, señor del horror,
de la guerra sin fin,
ordenaste el fusil
y mataste a cien mil,
y si fuera por ti
matarías a un millón,
y te irías a esconder
detrás de tu sillón.

Tú, que no has hecho nada
que no sea destruir,
vienes a mi ciudad
a crear ansiedad,
impones tu voluntad
a través de un alfil
das la vuelta y te alejas
sin mostrar el perfil.

Gran simulador,
tú sabes mentir;
sombra en la oscuridad,
sin facciones ni edad,
cambias de identidad
en tu doble moral,
pero yo puedo ver
en tus ojos el mal.

Ajusta el gatillo
que otro va a disparar,
ve a tu casa a dormir,
tienes que descansar,
la mesa está puesta,
ya puedes cenar,
tantos jóvenes van
a morir por tu pan.

No hay nada más cruel,
nada más inmoral,
niños con armas
que tú les das,
tu vida es obscena,
vacía, fugaz,
no tienes perdón,
no lo tengas jamás.

Es tuyo el horror,
y es tuyo el ritual
de ese juego mortal
donde todo es irreal,
donde no hay un rival,
donde no es personal
recibir una bala
directo en la sien.

Quién te da ese dinero,
los de mil, los de cien,
¿pagarán por tu alma
cuando mueras también?
No tendrás funeral,
ni quien llore por ti,
tus alfiles se irán con
otro mejor postor.

Algún día morirás,
tiene que suceder,
volverás al estiércol
que te hizo nacer,
nadie va a lamentar
cuando mueras, cabrón;
y del desierto al que vas
no regreses jamás.

Alvarado, 9 de febrero de 2011
(46 años) © Bob Dylan © Cosme Álvarez

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