HABITADOS


Tus ojos son un sol de luna llena,
un puente hacia el amor o la condena;
me llaman a cruzar al otro lado,
me miran y me siento habitado.
Sentado entre las sombras, mi pasado
se incencia cuando pasas a mi lado,
tu rostro de gitana me despierta,
enciendes una luz que estaba muerta.
Tu amor en llamas quema mi equilibrio,
tu voz es un metal con el que vibro.
Mis ojos saben ver en tu mirada
el fuego de tu alma y su llamada,
los días y las noches que prometes,
tu risa que libera y que somete.

Tus ojos son espejos o cristales,
salidas, laberintos y portales;
me hablan lo que callas con la boca,
y brillan en la calma que provocas.
Revelan tus verdades, tus mentiras,
me hacen confesiones si me miras.
Mis ojos reconocen los matices
de aquello que sugieres y no dices.
Un puente va naciendo en la mirada,
me acerco hacia la voz entre la nada.
Mis ojos saben ver en tu mirada
el fuego de tu alma y su llamada,
los días y las noches que prometes,
tu risa que libera y que somete.

Mis ojos han perdido una costumbre,
han visto en tu belleza lluvia y lumbre;
la luz mediterránea de tu alma
alumbra mi camino y le da calma.
Mis ojos van cruzando los umbrales,
te miran y comprenden las señales.

Nos vemos y al mirarnos somos otros:
dos llamas en la cima de nosotros.
Mis ojos van cruzando al otro lado,
te miran y me siento habitado.
Mis ojos saben ver en tu mirada
el fuego de tu alma y su llamada,
los días y las noches que prometes,
tu risa que libera y que somete.

Tus ojos al mirarme te denuncian,
no saben esconder lo que no dices,
me miran y revelan los matices
de aquello que en secreto ya pronuncian.

Habitado.
Habitados, estamos habitados.

Coyoacán, 16 de abril de 2011
(46 años) © Cosme Álvarez

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