EL REY DEL BARRIO
Un aire de lluvia que llena el andén,
al fondo una rubia desciende del tren,
algo lleva en la piel,
por las calles va corriendo él…
Salí en la madrugada de mi casa
pues la raza de mi barrio me quería ver muerto;
no es cierto que robé donde Roberto
comerciaba con lijas, descuidaba a las hijas.
¿Qué podía hacer? Fue inevitable.
¿Cómo no querer? Sí es tan deseable.
Dejaba la ventana sin seguro,
yo treparaba por el muro y ella estaba en la cama,
la dama que mi barrio cortejaba
me tocaba las piernas con caricias tan tiernas.
¿Qué podía hacer? No iba a rehusarme.
¿Cómo no querer lo que iba a darme?
Por eso regresaba cada día
cuando en la ferretería enganchaban la puerta;
me iba por la calle más desierta,
me trepaba por el muro y la encontraba despierta.
¿Qué podía hacer? Fue inevitable.
¿Cómo no querer, si es tan amable?
No sé lo que pasó ayer en la noche,
don Roberto fue en su coche al portal de mi casa,
la raza de mi barrio lo seguía
pero la ferretería la dejaron abierta.
Sólo el ventanal estaba cerrado,
algo andaba mal del otro lado.
Billetes en el suelo y una nota,
la perilla estaba rota y un guardían frente al muro,
Arturo se llamaba el desgraciado,
iba armado con un palo y me sangraban los dientes.
Cómo no correr; todos gritaban.
Sigo sin saber…
Por eso regresaba cada día
cuando en la ferretería enganchaban la puerta;
me iba por la calle más desierta,
me trepaba por el muro y la encontraba despierta.
Coyoacán, D.F., 17 de mayo de 2011
[46 años] ©
Cosme Álvarez
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